Mostrando entradas con la etiqueta biología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biología. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de mayo de 2009

Nuevos hitos en la lectura de la mente

El mundo de la neurociencia avanza a un ritmo que nos maravilla cada vez más. Durante los años pasados primó el pesimismo generalizado, y la tendencia era pensar que el cerebro codificaba la información de una manera incomprensible para nosotros. Pero el experimento que meses atrás realizó el University College de Londres ha dado un giro completo al estancado campo de la lectura de la mente humana, y hemos pasado a un estado de optimismo y certeza de que en el futuro cercano se podrá leer cualquier mente por medio de la resonancia magnética.

El arranque de esta nueva ciencia ha sido lento, pero una vez que se han logrado dar los primeros pasos y conocer "el alfabeto de la mente", los siguientes hitos es más que probable que lleguen pronto ya que ahora solo hay que "leer" lo que la mente guarda. Esta lectura se espera para un plazo realmente corto y algunos sistemas judiciales como el australiano ya están legislando en el sentido de proteger las mentes de los ciudadanos de lecturas no autorizadas.

El último experimento realizado en el University College de Londres tuvo como objetivo detectar el hambre mediante la lectura de la mente. El experimento se realizó con perros y arrojó un resultado realmente bueno. Se mantuvieron a 53 cánidos sin comer durante 48 horas. Después se les leyó la mente y a continuación se les puso comida para determinar si tenían hambre o no. Como conclusiones del experimento, el 70% de los perros cuya lectura de la mente determinó que tenían hambre, comieron cuando vieron la comida, lo cual es un resultado muy esperanzador. Sin embargo, el 30% de los perros cuya lectura concluyó que no tenían hambre, también comieron. Este desajuste no obstante no pone en entredicho los resultados del experimento, ya que los cánidos son animales sociales con una fuerte tendencia a vivir en grupo. De esta manera, el 30% de los perros que no tenían hambre pudieron empatizar con los que si tenían hambre, y comer únicamente por ser la conducta grupal predominante.

El resultado de este experimento era crucial para afrontar la siguiente etapa de la neurolectura, como ya se denomina esta nueva ciencia. De hecho ya no hablamos de un futuro hipotético. El haber tenido éxito con la detección del hambre en los perros (Técnicamente muy similar a la detección de la mentira en humanos) hace que ya se hayan constituido empresas que en breve ofrecerán para juicios sistemas de detección de mentiras basados en la resonancia magnética. Este es el caso de "No Lie MRI", una compañía de California que bajo el eslogan "La verdad al alcance de todos", ofrecerá sus servicios de detección de mentiras a abogados, instituciones, empresas y en general, cualquier persona que pueda pagarlos.

Una aplicación más controvertida de la lectura de la mente será la publicitaria, detrás de la cual ya se encuentra Google. La famosa compañía del buscador dispone ya de un poderoso motor de sugerencias publicitarias contextualizadas que aplica a los contenidos de correos electrónicos y páginas web para mostrarnos publicidad relacionada con lo que estamos viendo. De esta manera Google ha registrado una patente con el nombre "Proyección de publicidad relacionada con lo que están pensando los transeúntes", que es muy probable que pueda caer dentro del ámbito de la neurolectura. Se trata de un gran arco con capacidad de hacer resonancia magnética y que se pondría inicialmente en las principales calles comerciales de las grandes ciudades. El arco leería la mente de todo aquel que pase por debajo (Idealmente el arco abarcaría todo el ancho de la calle), y ofrecería anuncios relacionados con lo que está pensando la gente en unos grandes monitores situados en los lados de la calle a modo de escaparate.

lunes, 13 de abril de 2009

Las vacas con nombre dan más leche

No es ningún descubrimiento extraordinario el hecho de que tratar a los animales como iguales repercute positivamente en nuestras relaciones con ellos como seres humanos. Siempre se ha dicho que la música amansa a las fieras, pero lo cierto es que escuchar música es una actividad puramente humana, ya que ningún animal en su estado natural pudo escuchar una composición musical hasta que el ser humano la creó. Por la tanto es una actividad que "humaniza" al animal y le hace sentir bien, sintiéndose parte de lo que ellos perciben como la compleja sociedad humana. Otro ejemplo es el de el perro integrado en una familia. El animal no quiere ser únicamente "el perro de la familia", si no que aspira a ser un miembro más de la familia humana, y por lo tanto las actividades que le "humanizan", como salir a pasear, siempre las espera con máximo interés.

Por detalles como estos no sorprende en absoluto las ultimas investigaciones de la Universidad de Newcastle, que han demostrado que poner nombre a una vaca aumenta considerablemente su capacidad de dar leche. Esta producción extra de leche se cuantifica en casi 300 litros más anuales respecto a las vacas a las que no se las llama por su nombre. Los ganaderos británicos objeto del estudio reconocieron que la medida es la más barata de implantar en relación al rendimiento que ofrece para mejorar la producción.

Las vacas al igual que otros animales acogen muy positivamente la humanización que supone tener un nombre propio, y nos lo agradecen como mejor saben, dando más leche. Por supuesto, la mejora tiene sentido si a las vacas se les comienza a llamar por su nombre desde pequeñas, cuando son más permeables al mundo exterior, y se está forjando su personalidad. Con animales adultos la medida no surtió ningún efecto, ya que las vacas simplemente no se reconocen por el nombre asignado.

En cualquier caso, una idea tan simple como esta podría estar detrás de un misterio que traía de cabeza a los biólogos durante el último medio siglo, como es la caída constante de la productividad de leche de las vacas. A pesar del hecho de seleccionar para criar a los espécimenes que más leche daban a lo largo de su vida, la producción no hacía más que disminuir, en contra de toda lógica. La respuesta puede ser más sencilla de lo que se podría imaginar y radica en la deshumanización del proceso de extracción de leche que ha traído la industria posterior a la segunda guerra mundial. Un ganadero de principios del siglo XX extraía la leche por procedimientos totalmente tradicionales, manteniendo el contacto con el animal, y por supuesto, llamándole por su nombre único en toda la granja. Pero la evolución en las técnicas de ordeñado hacen que las vacas hayan perdido casi por completo el contacto humano, sintiéndose como un número más que como un individuo. Bajo estas condiciones tan industriales, la desgana y la desidia se han apoderado de las vacas tal y como ocurre en los seres humanos, haciendo que disminuya su producción de leche. La vuelta a las técnicas tradicionales y al trato humano, hace que las vacas recobren nuevamente su productividad esperada.

No obstante las ventajas de considerar a las vacas como personas no se quedan ahí. Según los ganaderos objeto de estudio, llamar a las vacas por su nombre las hace más dóciles y establece una relación de amistad mutua entre animal y dueño que no se da con otras vacas sin nombre. Esta amistad permite que las vacas sean más dóciles a la hora de ser ordeñadas y se comporten mejor en el desarrollo de las actividades que implica el día a día de la ganadería.